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    2019-04-15

    Como es lógico, hay un personaje que hace de contrapunto carboxypeptidase esa posición y que por ello mismo la vuelve, por efecto de una diférance (Derrida 1972b), mucho más significativa. Lily, la mujer de Nicolás, no comprende ni lo más mínimo la fascinación que ejerce sobre su marido esa novela. La razón es que su modelo de mundo naturalizado, plenamente dentro del sistema de valor, de disposición poco inclinada al feminismo (de los machos dice que solo sirven para el sexo [15]), entra en conflicto con el modelo de mundo y el modo de representación de PP. Veamos sus palabras: La trauma, no de forma semejante a su marido, sino porque no puede sentirse afectada por la escritura de Juan Rulfo, de quien además sabe poco (“Consulté en internet sobre el autor, dice que nació en Sayula, Jalisco” [71]) y le resulta del todo ajena (“Son tan raros estos mexicanos” [71]).
    Teniendo en cuenta que la subjetividad de Nicolás Pureco ha sido modificada por su insistente lectura de Pedro Páramo, no resulta nada extraño que una de las preguntas que vuelven una y otra vez a su mente sea un eco de unas palabras de esta novela. En su fuero íntimo, una intimidad que nos llega a través de un narrador exterior, no cesa de hacerse la siguiente pregunta: “Si la velocidad de la luz es de 300 mil kilómetros por segundo, ¿cuál es la de la oscuridad” (11, 16, 37, 38, 53, 61, 90, 115, etc.), la cual es semejante a la que el narrador en primera persona de PP se hace tras despertar y oír solo el rumor del silencio: “No, no era posible calcular la hondura del silencio…” (Rulfo: 93). Aunque Nicolás Pureco transforma el espacio de la pregunta de Juan Preciado en tiempo, las dos surgen de una consideración sublime (en sentido kantiano) del silencio. Tanto uno como otro se encuentran muy a menudo con el silencio, el de la soledad y el de la noche, el que sirve para borrar la diferencia entre la vida y la muerte, entre los que están vivos o vivas y los que están muertos o muertas, entre el presente y el pasado, entre lo que está cerca y lo que está lejos, entre el fort y el da del que habla Freud en “Más allá del principio del placer” (90–94) entre el exterior y el interior, convirtiéndose de esa manera en una fuente de indecidibilidad (Derrida 1972b). Y llegamos a Codominant alleles un punto clave en lo que se refiere a la utilización de un mito prehispánico. Abundan en PP las imágenes de figuras de personas vistas que, de repente, desaparecen, “al cruzar la bocacalle vi una señora envuelta en su rebozo que desapareció como si no existiera” (Rulfo: 70), o de personas que hablan con Juan Preciado y más tarde descubre que están muertas y son almas que van penando. En Cc leemos situaciones semejantes: “Yo soy Pedro Páramo, dijo Pedro Páramo y desapareció” (Mendoza 2005: 67). Y, en ambas novelas, los muertos hablan desde sus tumbas y cuentan las torturas que sufrieron (116). Hay un momen-to contundente en el que el protagonista de PP le dice al arriero: También en Cc hay una escena semejante. Llega Nicolás a una encrucijada, y pregunta a unos hombres por el pueblo de Baimena: Al margen de que esos individuos se dirigen hacia la hacienda donde vivía Pedro Páramo, resulta evidente que su existencia, igual que la de La Media Luna es dudosa. A ello se suma el hecho de que muchos de los personajes con los que se encuentra Pureco están o muertos o son fantasmas: “Vaya que se encontraron, ¿han pensado en Baimena?, Siempre, sólo que es para los pétreos, nosotros somos polvo. Y flotaron, creando una leve turbiedad similar al talco” (Mendoza 2005: 116–117).
    Referirme a este nivel de relaciones lingüísticas, temáticas y situacionales, entre una novela y otra, y son muchas las citas, alusiones, referencias de Mendoza a Rulfo, muy en especial en lo que se refiere al topos de ambas novelas, se debe justo a que es necesario señalar una diferencia importante. Cc comienza allí donde acaba PP, no solo porque tanto la primera novela como la historia ahí narrada son una acción cuya causa es el sistema modelizante representado en la segunda, sino porque la última frase de PP da lugar al inicio de Cc. Vamos a analizarlo con detenimiento. La muerte de Pedro Páramo, en el eje temporal del pasado, se describe del siguiente modo: “Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro; pero sin decir una sola palabra. Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras” (Rulfo: 178).